Santa Juana, la fundadora de la Compañía de María

Juana de Lestonnac, mujer de gran visión y profunda fe, ideo un Proyecto Educativo basado en la persona, y destinado a rescatar a los jóvenes de las llamas que los consumían.

Juana de Lestonnac nació en Burdeos, Francia, el 27 de diciembre de 1556. Sus padres fueron Ricardo de Lestonnac -católico- y Juana Eyquen de Montaigne -calvinista-.
Juana fue bautizada en la religión católica. Recibió formación y orientación cristiana, de su padre y de su tío, el filósofo Miguel de Montaigne. Llevada por ellos, hizo su primera comunión. En su adolescencia deseaba ser religiosa, para hacer en Francia como Teresa de Jesús en España, más no pudo concretarlo.

Sensible a la voz de Dios, guardó en su corazón -como María- las palabras: “cuida hija mía de no dejar apagar la llama que arde en tu corazón y que te lleva con tanto ardor a servirme”.
En 1573, a los 17 años, acepta la concertación de su matrimonio con Gastón de Montferrant. Su corazón siguió siendo todo de Dios. Veinticuatro años de matrimonio enriquecieron su ser de mujer con las dimesiones de esposa y madre. Siete hijos, de los cuales cuatro llegaron a crecer -Francisco, Marta, Magdalena y Juana- completaron su felicidad.
A los 41 años queda viuda y tiene que hacer frente al gobierno de una casa llena de actividad: administrar el patrimonio y completar la educación de sus hijos, según la tradición humanista de la familia. Mujer de cabeza lúcida y de corazón que sabe amar, se gana el cariño de todos los que la rodean en el castillo de Landirás.


En su viudez se plantean nuevamente las inquietudes de su juventud, y en 1603 -a los 46 años- ingresa al Monasterio del Cister de Toulouse, a pesar de las críticas y rechazo de su familia y amigos. La vida religiosa en el Cister era muy austera, sobrepasaba sus fuerzas y decidió que debía abandonarla. En su última noche en el Monasterio, Dios se hace presente con su luz y Juana vislumbra su futura misión: hay una juventud que se pierde por falta de ayuda... y es ella quien debe “tender la mano”.
La obra de Dios comienza a gestarse y María aparece en el horizonte indicando el camino. Juana de Lestonnac regresa al castillo de Landirás siendo portadora del deseo de realizar un nuevo Proyecto de Vida. Se retira a la tierra de La Mothe y allí discierne cuidadosamente la misión que apenas vislumbró en el Cister.


La peste que azotó a la ciudad de Burdeos en 1605 -en la que Juana tendió su mano para antender- fue ocasión de encuentro con jóvenes que se sintieron llamadas para secundarla en sus planes. El encuentro con los Padres Jesuitas y los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola que el grupo hizo, aportaron al Proyecto un fundamento sólido.
El horizonte se clarificaba: serían una comunidad de mujeres apóstoles que armonizarían contemplación y acción en una entrega total a la educación integral de la persona. María es el modelo de lo que querían llegar a ser.
El 7 de abril de 1607, el Papa Paulo V aprueba el Instituto con el nombre de Orden de la Compañía de María Nuestra Señora.
Juana de Lestonnac muere el 2 de febrero de 1640, fiesta de la Presentación del Señor. Fue canonizada por el Papa Pío XII el 15 de mayo de 1949.
En la actualidad, la Compañía de María se extiende a lo alrgo de Europa, Asia, África y América...

"TENDIENDO LA MANO, Y MANTENIENDO LA LLAMA ENCENCIDA"

 


 
 
 
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